Gonzalo
Guerrero, El Renegado, Padre del Mestizaje, fue un marino arcabucero español,
que viniendo en una de las expediciones de conquista en el año de 1511,
naufragó cerca de la costa de Yucatán y fue, junto con el fraile Jerónimo de
Aguilar, el único sobreviviente.
En 1510 una
expedición marítima fue presa de una terrible tormenta, la mayoría murió en el
naufragio y los supervivientes, que consiguieron alcanzar la costa de la
Península del Yucatán, tuvieron el primer encuentro con los grupos mayas
predominantes en la zona, un encuentro inicialmente violento.
Sólo dos
personas sobrevivieron a aquel naufragio y a la hostilidad inicial de los
mayas, y fueron los protagonistas de esta pequeña historia de la historia,
Gonzalo Guerrero y Jerónimo de Aguilar.
Don Jerónimo de Aguilar era un fraile,
en esos nueve años sobrevivió como esclavo de un cacique (jefe) local, en 1519
Hernán Cortés le envió una carta para que se reuniese con su ejército,
consciente de la importancia de contar con un hombre con sus conocimientos.
Aguilar tuvo que pedir permiso a su
cacique para acudir al encuentro con los otros españoles, y no sólo lo obtuvo,
sino que su amo hizo que un grupo de indios lo acompañase y pidiesen la paz con
los españoles (cosa que a posteriori no sería concedida).
Sus conocimientos de la lengua local y
costumbres fueron fundamentales en el proceso de conquista de América; durante
toda su estancia como esclavo, tuvo siempre muy presente su cultura, y volvió
sin pensárselo a su primera oportunidad.
Diferente fue el
caso de Gonzalo Guerrero, el otro superviviente, inicialmente tuvo que soportar
las duras condiciones de esclavo, igual que su compañero español, pero en las
batallas contra otras tribus tomaba partido, mostrando sus dotes para la
estrategia bélica y contribuyendo con ello a la victoria.
Un
día, acompañando a uno de sus amos atravesando un río, el amo fue atacado por
un caimán, y Gonzalo, con valentía, dio muerte al animal, cuando tenía una
posibilidad muy fácil para escaparse, lo que le valió el reconocimiento y la
libertad.
Su
integración en la cultura local fue tan grande que llegó a liderar múltiples
expediciones bélicas con éxito, tatuarse y mutilarse las zonas propias de un
guerrero de su rango, y como colofón, se casó con la princesa Zazil Há, hija de
Na Chan Can.
Su
conversión era tan férrea que incluso aceptó el sacrificio humano de su primera
hija, para terminar con la plaga de la langosta, Guerrero pasó de conquistador
español, a jefe maya.
Cuando
en 1519 recibe la carta de Hernán Cortés, su antiguo compañero de naufragio,
Jerónimo de Aguilar, temía ya la respuesta de Gonzalo, pues sabía que al
culturizarse como maya, había perdido ya su identidad española, y efectivamente
Gonzalo rechazó volver con los españoles para quedarse en el Yucatán, pues allí
estaban su familia y su vida.
Entonces,
Gonzalo Guerrero se dedicó a entrenar a los indios para repeler a los
conquistadores españoles que sabía que iban a llegar, les enseñó a no tener
miedo de los caballos (en esa zona nunca los había visto), ni de las armas de
fuego, para intentar salvar el paraíso en el que vivía, que hoy constituye el parque
de Champotón
Sin embargo, Gonzalo Guerrero tenía que ser consciente de la superioridad bélica de los españoles, pero aún así decidió luchar, y por ello, Francisco de Montejo, encargado de conquistar la zona junto a un ejército en cuatro navíos, relató la especial resistencia que encontró en el Yucatán.
Gonzalo Guerrero dedicó todos sus esfuerzos a ayudar y combatir a los españoles en diferentes zonas y colaborando con diversas poblaciones mayas, convirtiéndose así en una especie de leyenda entre los mayas, y en uno de los hombres más buscados por los propios españoles.
En cada nuevo territorio conquistado los españoles interrogaban a los guerreros para averiguar su paradero, y a esto respondían con mentiras, como que había muerto de forma natural o que se encontraba en un lugar incorrecto.
La muerte de Gonzalo Guerrero llegó en el año 1536, mientras ayudaba al cacique de Ticamaya con 50 canoas, debido a una flecha que lo atravesó a la altura del ombligo, y un arcabuz lo remató, algo irónico, pues en España Gonzalo era arcabucero.
Los
historiadores españoles intentaron hacer pasar a Gonzalo Guerrero como un
traidor, un hereje (ya que negó a Cristo) y un enemigo de la patria, el propio
Jerónimo de Aguilar, fraile que siempre fue fiel a su Fe, se encargó de
decirlo.
Y
Gonzalo Guerrero encarnó como ninguno la lucha contra la opresión y el
colonialismo, pasando a convertirse en un verdadero símbolo de la lucha por la
libertad, y han utilizado su nombre en lagos, himnos y calles, y han construido
estatuas que lo recuerden, al hombre que representa el mestizaje, y que pasó de
ser un villano a convertirse en el héroe de un país.